Saide

Saide se abre con una cita de ¿Acaso no matan a los caballos?, de Horace McCoy (que daría lugar a la película Danzad, danzad, malditos); una cita que cifra algunos de los elementos principales de esta excelente novela negra. Sartre supo ver en la obra de McCoy lo que también podemos encontrar en la del escritor colombiano Octavio Escobar Giraldo, y que es mucho más que el testimonio existencialista de una época convulsa (en este caso, «los años de la sangre» en Colombia): un fragmento de realidad apasionada y sufriente en el que la muerte, el sexo, el calor y el mar alcanzan nuevos significados, algunos de ellos contradictorios entre sí. ¿Qué se esconde en realidad tras este nombre de mujer? Ésta es la pregunta que nos hacemos al leer por primera vez el nombre de Saide.

Leído en la prensa

«Escobar Giraldo opta por una visión plural de las cosas desplazando su mirada hacia diferentes planos, tratando de descifrar el misterio que esconden los ojos de la inquietante hija de un inmigrante libanés cuya belleza se ofrece como sacrificio en esa ceremonia de la sangre que tiñe los distintos caminos de tantas y tan oscuras fuerzas negativas.» Consuelo Triviño, Cuadernos Hispanoamericanos

«Un preciso relato, lleno de sugerencias y de miradas a su alrededor.» Javier Goñi, El País

«El ritmo de la narración es óptimo. El dibujo de la intriga se enriquece con un uso de de las voces narradoras francamente envidiable.» J. Ernesto Ayala-Dip, El Correo

«Una impecable historia que cuenta mucho más de lo que parece.» José María Goicochea, Tiempo

«Una novela ensamblada a la perfección, dotada de una alta temperatura interna pasional y trágica y escrita con una prosa clara y precisa.» Luis Alonso Girgado, Diario de Ferrol

«Una novela inteligente, audaz, en taracea, de la que asoma un ser humano cínico y perdido, que halla su redención en el fugaz milagro de los cuerpos.» Manuel Gregorio González, Diario de Sevilla

«Saide, como otras obras maestras del género, es también un cuento de amor... Tiene la precisión literaria y el brillo lúcido de otras joyas de la narrativa negra latinoamericana.» Alberto Moreiras, Archipiélago

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