Diario de un peón

Cuando el trabajo en los andamios para reconvertir una antigua fábrica de zapatos en un edificio de viviendas de lujo no lo deja exhausto del todo, durante seis meses Thierry Metz consigna en su diario sus impresiones y meditaciones con una prosa a media voz, lacónica, condensada al máximo, como si el poeta reservara sus fuerzas para repetir mecánicamente los mismos gestos en la obra.

Sin embargo, de la mano de Metz esa economización de la palabra se traduce en una prodigiosa riqueza de imágenes en la que, entre la crudeza, el embrutecimiento, la alienación, lo prosaico de la faena y el lento discurrir de unas horas («La erosión de un dolmen es más activa que el paso del tiempo en la obra») asediadas por la fatiga («Unos zapatos que querrían gritar su cansancio a los cuatro vientos»), se abren camino el ensoñamiento y las observaciones sobre el transcurso de las estaciones, el cielo, las nubes, el arco iris, los petirrojos y las golondrinas, la camaradería, las manos que ríen y el lenitivo silencio de las pausas del mediodía o los fines de semana, en los que «el único canto que se oye es el del pájaro rojo y azul del lapicero» posado en una hoja.

Diario de un peón es, además, un texto indispensable por el lugar que ocupa en la llamada literatura proletaria.

Leído en la prensa

«Una de las obras más logradas y admirables jamás escritas.» Éric Vuillard, Babelia

«La alienante vida del trabajador de la construcción centra este libro en el que Metz consigue plasmar su inquietud ysu mirada introspectiva y en el que deja entrever el deseo de contemplar el ancho mundo de otra manera.» Mey Zamora, La Vanguardia

«Un espléndido volumen de poesía en prosa (…). Un fértil abanico que, al cabo, resulta pantalla para proyectar, de modo diáfano, el método de trabajo, los anhelos y los símbolos que alimentan una poética donde conviven iniciación, filosofía, política, sensualidad, extrañeza.» Luis M. Alonso, La Nueva España

«Metz sueña, imagina y construye por medio de una inspiración pura, sin intelectualización ni discurso, utilizando términos sencillos e imágenes sugerentes, casi aleatorias y no necesariamente conectadas, cuya plasticidad recrea y emociona.» Lucas Méndez, El Independiente

«Al leer estas páginas de Thierry Metz, comprendemos hasta qué punto escribir no consiste ni en adornar, ni en aderezar, ni en maquillar: consiste meramente en iluminar la realidad, pero no con los crudos focos del realismo. Más bien, la escritura debería ser una suerte de sombra que hiciera despuntar la propia luminiscencia de los objetos, los hechos y las personas.» Del prefacio de Jean Grosjean

«Thierry Metz es uno de los mejores escritores de su generación. Su obra es humilde en el sentido etimológico de la palabra –cercana a la tierra– y, sobre todo, popular. Se inspira en los paisajes de la región de Agen e, interesándose por aquellos cuya existencia está oculta, les da voz y revela sus rostros con un lenguaje que roza la indigencia.» Marie-Violaine Brincard, directora del documental L’Homme qui penche, sobre Thierry Metz

«Hay que leer Diario de un peón. Es una obra maestra. El libro que mejor describe el silencio del obrero.» Joseph Ponthus, autor de Desde la línea

«Lo que conmueve de Thierry es su justa gravedad y su límpida hondura, su forma de incendiar el lenguaje sin levantar la voz, su capacidad para expresar lo infinito a través de lo finito, lo inmenso a través de lo infinitesimal.» Jacques Ancet

«Diario de un peón es una obra fundamental.» Simone Innocenti, Corriere della Sera

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