Munda

Libro de recortes

La escritura de cualquier libro es un proceso en constante mutación que podría llegar a ser inacabable. Son infinitos los retoques y los añadidos, los flujos y los parones, los ajustes y los titubeos, los triunfos y las concesiones que intervienen en la construcción de un libro. En ocasiones, hemos tenido la oportunidad de conocer las diferentes versiones de una obra literaria –los cuentos de Raymond Carver antes de que pasaran por la mano editora de Gordon Lish (cuyas novelas hemos publicado en esta casa), por ejemplo–, pero pocas veces hemos visto a un autor extirpando el libro oculto que yace dentro de otro suyo ya finalizado –publicado–. Debido a una enajenación momentánea fruto de una cirugía de urgencia muy dolorosa, el colombiano Juan Cárdenas comenzó a releer y a retocar la versión en inglés de su novela El diablo de las provincias (Periférica, 2017), a retocar, literalmente, como quien restaura una pintura deteriorada: recortando y recolocando frases que le hicieron encontrar un nuevo sentido a todo y dieron lugar a Munda: una especie de negativo de sus fundamentos creativos, la radiografía de un autor leyéndose a sí mismo, una inclasificable condensación de formas que arrastran al lector a una experiencia cercana al videojuego.

Munda puede leerse como un pequeño tratado sobre los poderes proféticos de la poesía, sobre la adivinación en cuanto procedimiento central del acto de la lectura. Pero todo eso se transforma también en un libro de poemas que, más que sucumbir a la fabricación profesional de versos, aspira a un estadio más primitivo de la poesía, que es el de libro de encantamientos, o sea, de cantos encantados, valga la redundancia.

Munda es también un libro de traducciones sucesivas que reflexiona sobre el acto de traducir y es, por último, y quizá de manera más fundamental, una novela: una novela epistolar que incorpora a sus procedimientos y a sus materiales todos los elementos anteriores en una especie de vertiginoso caleidoscopio histórico, autobiográfico, adivinatorio.

Éste es un libro, por tanto, extraño –peregrino, singular– sobre la creación, que en manos de su fascinante creador nunca pierde de vista el contacto con el tenso hilo de la vida.

Leído en la prensa

«Una vez leída Peregrino transparente, uno se queda horas y horas pensando, rumiando y dándole vueltas a un montón de cosas y maneras de mirar. Sí, esta es ese tipo de novelas, así que no se la pierdan.» Carlos Zanón, El País

«Juan Cárdenas sabe encadenar en Peregrino transparente centenares de ideas poderosas mediante un ritmo, entre la aventura y el wéstern, que arrastra al lector del modo más primigenio y disfrutón: sencillamente, la devoras. Pocas novelas leeremos este año que den una sensación tan poderosa de entregarnos múltiples lecciones, metáforas y significados. Cuando menos, se erige en talismán para quienes sostenemos que la literatura todavía puede enarbolar algunas desobediencias relevantes.» Nadal Suau, Cuadernos Hispanoamericanos

«Cárdenas es una voz potentísima de la literatura hispanoamericana actual. Su obra ya tiene todos los visos de engarzar con buena parte de la tradición literaria de la que viene y hacia la que se dirige con un ritmo narrativo endiablado. Es oído literario, ritmo, sonido, baile ficcional.» Ricardo Baixeras, El Periódico de Catalunya

«Peregrino transparente es una novela singular, notable por derecho propio, un texto complejo, evocativo, lleno de imágenes fulgurantes, capaz de mezclar una suerte de arqueología del presente con la novela de aventuras y la teoría del arte.» Nicolás Cabral, La Tempestad

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