
Los trillizos
Un hombre pasa la tarde en el parque. Es su primera vez a solas con los hijos de su nueva pareja, madre de trillizos. Como se niega a interactuar con otros adultos en su misma situación, finge leer el periódico, en el que anota: «La familia es una cédula opresiva».
Irónico, mordaz y ocurrente, el narrador de esta historia es alguien sin hijos propios que en la cincuentena deja atrás su existencia anterior para convertirse, de pronto, en padre postizo y ocasional de una familia numerosa, un universo ajeno en el que trata de desenvolverse como buenamente puede. La nueva posición en la que lo coloca esa paternidad imprevista le sirve para abordar algunos de los temas cruciales del momento: el síndrome del salvador que padece la clase media intelectual ante las personas racializadas, migrantes y vulnerables; el discurso épico en torno a los cuidados, concebidos en ocasiones más como coartada moral que como una exigencia casi siempre involuntaria; la incompatibilidad entre nuestros frágiles y subyugantes ecosistemas laborales y la necesidad de tener una vida propia.
A través de este hijo de las clases obreras que emigraron a las periferias de las grandes ciudades transformado en uno de esos profesionales del emprendimiento proclives al eslogan vacuo y la rapiña, Los trillizos plantea una revisión de la figura del desclasado cultural y dibuja un retrato crítico de los nacidos en los setenta, esa generación bisagra que quiso ser una alternativa al conservadurismo, y también a la socialdemocracia biempensante, pero terminó víctima de sus propias mitificaciones, atrapada en un baile de conceptos y códigos de conducta intercambiables.
Leído en la prensa
«El capitalista simbólico es una extraordinaria memoria de extrarradio que saca lustre a los años más inconsecuentes, ridículos y poco lustrosos de una existencia. El periplo noventero, tan exótico como disparatado, de un joven precario, mentiroso, alienado por sus estudios y corrompido por su sueldo, exfutbolista profesional es, desde ya mismo, uno de mis libros españoles favoritos. Roma vuelve a demostrar que es uno de los grandes y más originales escritores de nuestra generación.» Kiko Amat«Libre de pudor, Roma rompe con esa fe en que el fútbol es uno de los refugios irracionales que quedan en la vida adulta. Retrato del futbolista adolescente es una exploración sociológica de la familia y el entorno, una apuesta por la extravagancia. El sarcasmo, suave y constante, es una de las asignaciones principales del libro. Un humor compensatorio que equilibra la confesionalidad. Una purga pero, sobre todo, una iluminación.» Antonio Lucas, El Mundo
«El capitalista simbólico narra unas acrobacias morales que revientan el cuento de la meritocracia. En vez de honrar los valores de sacrificio y probidad de la clase obrera del extrarradio de Barcelona en el que creció, el protagonista adopta la caradura de los ricos. En medio, habla del desclasamiento, que es el gran tema de España, esa sociedad que pasó, masivamente y en dos generaciones, de deslomarse arando los campos de Castilla a chapurrear inglés en despachos de rascacielos.» Sergio del Molino, El País
«Retrato del futbolista adolescente es la historia de un desclasamiento. El narrador y protagonista, que es el hombre ya maduro que recuerda aquel tiempo de encrucijadas, es consciente de que su destino estaba marcado por ese desclasamiento que en las sociedades del capitalismo se presenta como destino natural para las clases subalternas y, desde esa conciencia de desclasado, nos cuenta sus vacilaciones a la hora de plantearse los posibles caminos de ascenso social, un tema que sin duda, y al menos desde el El rojo y el negro, de Stendhal, constituye en sí todo un género narrativo.» Constantino Bértolo, Mundo Obrero
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